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Al preguntársele a Edmund Szeliga sdb sobre su llegada al Perú desde su nativa Polonia por el año 1930, qué fue lo que más le impresionó de este país, seguramente afirmaría: SU ASOMBROSA BIODIVERSIDAD. El Perú es, en verdad, un país privilegiado por su riqueza en flora y fauna, así como por sus grandes yacimientos mineros. Como muestra basta citar que posee 84 zonas de vida de las 104 del planeta; 28 tipos de clima de los 32 existentes en todo el orbe; 262 cuencas hidrográficas; 12,000 lagos y lagunas andinas; fuentes hidrotermales de temperaturas de hasta 100ºC; el lago navegable más alto del mundo, el Titicaca, que comparte con Bolivia. También posee cañones tan profundos como los del Colca y Cotahuasi, en Arequipa, al sur del país, y más de 820,000 km2 de bosques, principalmente en la Amazonía.
Shimbillo (Inga edulis Martius) en flor Selva Alta de Cusco De esta impresionante biodiversidad, ¿qué fue lo que más le interesó al P. Szeliga en este hermoso país de tan variados climas, paisajes y de imponentes restos arqueológicos? Sin duda, LA GRAN RIQUEZA DE SU FLORA MEDICINAL. Sabido es que, en tiempos precolombinos, se cultivaron especies tan importantes en la dieta contemporánea como la papa (patata), el zapallo, el calabacín, el maíz, el tomate, los frijoles, el maní, etc. Pero aún poco se sabe de aquel misterioso 50% de sus 50,000 o más especies vegetales que se estima podría tener aplicaciones medicinales. En lo referente a la MEDICINA TRADICIONAL ANDINO-AMAZONICA, ha sido a través de la práctica terapéutica por parte del hombre autóctono cómo ha llegado a adquirir elevados grados de cultura médica, hecho corroborado, hoy, científicamente por la investigación de los principios activos de las plantas utilizadas en forma empírica desde tiempos ancestrales, cuyos conocimientos han sido transmitidos oralmente de generación en generación hasta nuestros días.
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